sábado, 8 de noviembre de 2008

Burn after reading





Después de meses o años sin ir a ver cine estadounidense en una sala oscura, ya que el tiempo no me da para más por mi dedicación casi exclusiva con el cine en español, la película estadounidense "Quemar después de leer"(Burn after reading) me sorprende gratamente. Los hermanos Joel y Ethan Coen consiguen un reparto de lujo para un guión, que, desde ya, vaticino que o se llevara el Globo de Oro y/o el Oscar o por lo menos serán nominados por el mismo. En 95 trepidantes minutos de filme, los vericuetos de este magnífico guión hacen que George Clooney, parezca un encantador gilipollas, John Malkovich sea otro enrevesado gilipollas, Brat Pitt haga de creíble descerebrado entrenador de gimnasio y Frances MacDormand borde el papel de otra entrenadora, compañera y cómplice neurotizada por la cirugía estética y a la que también le auguro una Nominación al Oscar como Mejor Actriz Secundaria.Como ven la película, creo que se va a llevar bastantes premios. Y no me quiero olvidar de Tilda Swinton que también apora su granito nada desdeñable de arena a este florido reparto de lujo. Esa radiografía del mundo a retratar con precisión (incluso escogido vía satélite en el principio y final del filme) por los hermanos Coen rezuma un poco de misantropía y denota que hay bastante estulticia en el mundo actual y que cuando los imbéciles se mueven, pueden causar bastantes desastres. Es típico de los Coen destilar este tipo de sensaciones en sus filmes anteriores, pero en éste llega a ser patético que los necios puedan producir tantos desastres cotidianos. El tema no es que los protagonistas de la película sean malos, sino que son memos en algunos casos en grado sumo. Pero, no nos engañemos, el mundo real fuera de la pantalla, está aún más lleno de ellos que el universo Coen. Se la recomiendo a aquéllos que quieran ir al cine, no a soñar, sino a despertar ante la realidad.

martes, 4 de noviembre de 2008

Rara avis augusta








El jueves pasado asistí en L'Auditori Nacional de Catalunya a un singular concierto. Pisaba por primera vez este noble recinto y fue una noche llena de sorpresas.
La primera, un poco desagradable, ya que al pedir el programa del acto, una quizás demasiada amable señorita, me dio el mismo y al abrirlo, noté que estaba en catalán y en inglés, pero no en castellano.Retrocedí sobre mis pasos y demandé un ejemplar en la lengua materna de 520 millones de hablantes y para mi sorpresa, la susodicha señorita me dijo apenada, que no tenían.
Tamaña sorpresa me revolvió por dentro, ya que empecé a darme cuenta de cuanta razón tenían algunos de mis amigos, que me comentaban el acoso lingüístico que sufren los castellanoparlantes en Cataluña. O sea, los autores del programa prefieren poner en catalán y en inglés el contenido del mismo y obviar que de los 6 millones de catalanes, dos seguros sólo hablan castellano, ya que son andaluces y que los dos idiomas son cooficiales en esta Comunidad Autónoma.
Dejé de vivir hace más de 20 años en esta zona de España y me sorprende que al volver, se hayan radicalizado las posturas.
Desde el extranjero (en donde todavía vivo), estas pataletas de niñito de mamá (el nacionalismo innecesario para mí es algo obsoleto, que supone simple y llanamente la pataleta de un niño mimoso y mimado, que delata simple egoísmo e inmadurez mental) son una antigualla y un resquicio de venganza sutil de oprimidos que han pasado a ser opresores.
En una sociedad como la catalana, que presume de civilizada, no cabe tamaña incorrección política y lingüística. Me sorprende este tipo de cortedad de miras.
Bueno, pero la noche me depararía otras sorpresas mucho más gratas.
La segunda y mayúscula fue que al haber elegido por internet las entradas, nos tocó un lateral en la fila dos, que resultó estar tan cercano al escenario como los dos metros que casi mido. Además para mayor regocijo, la Diva salía por una puerta también lateral, que se encontraba a nuestros pies.
La tercera sorpresa llegó al pedirle a una chica que llegó más tarde que si no le importaba cambiarme el asiento 45 por el 23, a fin de que me sentara junto a mi buen amigo Dante Bertini que tenía la butaca 43 y que ésta accediera sin problemas a mi deseo de compartir el espectáculo junto a mi amigo. El primer desaire lingüístico quedó borrado de nuestras mentes.
La noche prometía y la promesa anochecía. Me había prometido a mí mismo, no abandonar Barcelona sin conseguir ver a Jessye Norman, aunque para ello me tuviera que quedar una semana más autoinvitándome en casa de mis amigos artistas, Dan Arenzon y Giosafat, a los que finalmente convencí para que también nos acompañaran.
Esa noche supe por fin porque Jessye Norman es única e irrepetible. Su presencia en el escenario es hipnótica. Sólo la miras a ella. Tuvimos la suerte de que saliera al escenario por esa puerta lateral izquierda donde el azar sentarnos.
Toda Jessye Norman es un espectáculo, desde cómo se viste, cómo imposta su sublime voz, a como se mueve por el escenario. Posee unas facciones únicas a caballo entre la siempre exótica Yma Súmac, la bellísima María Félix y la bronceada Omara Portuondo y al mismo tiempo es la Norman. Pero además de ello, su vestuario forma parte de su encanto.
Esta divina soprana ya en su lugar de nacimiento en el estado norteamericano de Georgia apuntaba alto. Nació en Augusta y ya este topónimo la define en cualquiera de sus movimientos. Augusta es su figura en el escenario, augusta es su voz inimitable, augusta es minimalista puesta en escena, augusta es, en definitiva, su imagen.
La siguiente sorpresa fue la directora de orquesta. una impetuosa joven, también estadounidense, llamada Rachael Worby, que vestida posiblemente de Armani, llevó la batuta con tal maestría de una orquesta que empezó titubeante. Al cabo de unos diez minutos la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceu comenzó un romance con ella que regaló unos minutos sublimes de música clásica. Éstos llegaron al éxtasis al establecerse un menage a trois al entrar en esa entrega sobre el escenario la propia Jessye.
La primera parte del concierto denominada "A Europa con amor" nos trajo bellísimos momentos con obras escogidas de Mozart, Purcell, Mascagni, Verdi y Saint-Saëns.
La orquesta y la directora bordaron el "Intermezzo" de Cavalleria rusticana y especialmente la "Marcha triunfal" de Aida que rayó la perfección. Fueron momentos inolvidables que permanecerén en la retina y en los oídos de todos los espectadores presentes eternamente.
La "augusta vox" culminó esta primera parte con un extracto de Samson et Dalila de Saint-Saëns y en el que el libreto de Lemaire parece escrito para la tesitura de su voz:
Mon coeur s'ouvre à ta voix
comme s'ouvrent les fleurs
aux baisers de l'aurore!...
Ah! réponds à ma tendresse!
verse-moi, verse-moi l'ivresse!...
Sous la brise légère,
ainsi frémit mon coeur,
pret à se consoler
à ta voix qui m'est chère!
resumiendo así lo que empezaba a ser una noche única e irrepetible.
Tuvimos la suerte, dada la cercanía de nuestras butacas adonde se hallab la Norman, que en un instante creímos que nos dedicaba un delicioso fragmento de un aria, ya que nos miró y cruzó su mirada con la nuestra. Fue la augusta voz de una rara avis, la que emitió uno de los más bellos cantos que jamás había escuchado.
La sinergia de magnífica Orquesta Simfònica del Gran Teatro del Liceu dirigida por la batuta maestra de Rachael Worby y la augusta vox de Jessye Norman ofrecieron una primera parte dedicada a la vieja Europa, donde un repertorio de obras de un germanonohablante como Mozart, un inglés como Purcell, dos italianos como Mascagni y Verdi y un francés como Saint-Saëns, habría cosechado un suma cum laude, si hubiera incluido algo de un compositor español o por ende catalán.
La segunda parte "Desde América con amor" incluiría fragmentos de obras de Bernstein, Rodgers/Hammerstein, Gershwin, Gould y Kerr. Jessye Norman empieza bien, cambia de registro y abandona la ópera para saltar el charco y entrar en clásicos de su país. Extrañamente paulatinamente su voz se parece a los Ojos de Guadiana. En ese momento, pensamos que podía estar agotada por el esfuerzo de la primera parte. Nos sorprendemos, pero incluso esto hace a la Diva más humana. Su voz parece que sufre un pequeño declive, pero pronto como en las películas de Woody Allen, remonta y finaliza nuevamente de una manera brillantísima por si alguien dudara de su maestría.
Y para guinda de la tarta, nos dedica un bis a capella que levanta al público, a la directora, a la orquesta y pone en pie a todo L'Auditori.
Al terminar el concierto todavía impactados por la belleza de lo que vimos, nos tropezamos con Maragall, ex-presidente de la Generalitat y ex-alcalde de Barcelona.
La magia de la noche y de la velada artística revolotea todavía en el ambiente. Dante, Giosafat, Dan y yo nos encontramos todos como flotando en una nube y comentamos que ya hay otra cosa más que nos une y hace nuestra amistad más indeleble: la noche y el canto de esa rara avis augusta .